“Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. Sólo el mar estaba en todas partes. El mar era la madre. Ella era agua y agua por todas partes y ella era río, laguna, quebrada y mar y así ella estaba en todas partes. Así, primero sólo estaba
La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era alúna. Ella era espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria. Así la Madre existió sólo en alúna, en el mundo más abajo, en la última profundidad, sola.
Entonces cuando existió así la Madre , se formaron arriba las tierras, los mundos, hasta arriba donde está hoy nuestro mundo. Eran nueve mundos y se formaron así: primero estaba la Madre y el agua y la noche. No había amanecido aún. La Madre se llamaba entonces Se-ne-nuláng; también existía un Padre que se llamaba Katakéne-ne-nuláng. Ellos tenían un hijo que se llamaba Búnkua-sé. Pero ellos no eran gente, ni nada, ni cosa alguna. Ellos eran alúna. Eran espíritu y pensamiento. Eso fue el primer puesto y el primer estante.
Entonces se formo otro mundo más arriba; el segundo mundo. Entonces existía un Padre que era tigre. Pero no era tigre como animal, sino era tigre en alúna.
Entonces se formó otro mundo más arriba, el tercer mundo. Ya empezó a haber gente. Pero no tenían huesos, ni fuerza. Eran como gusanos y lombrices. Nacieron de la Madre.
Entonces se formó el cuarto mundo. Su Madre se llamaba Sáyagaueya-yumang y había otra Madre que se llamaba Disi-se-yun-taná y había un Padre que se llamaba Sai-taná. Este Padre fue el primero que sabía ya cómo iba a ser la gente de nuestro mundo y fue el primero que sabía que iban a tener cuerpo, piernas, brazos y cabezas. Con él estaba la Madre Auine-nuláng. Entonces se formó el sexto mundo, el sexto puesto. Su Madre era Bunkuáne-ne-nuláng; su Padre era Sai-chaká.
“Así fue todo eso. Así fue como nació Sintána y Sintána nació así la Madre se arrancó un pelo de debajo de su cuerpo y lo untó con la sangre de su mes. Así formó al primer hombre. Soplando le dio vida. Cuatro veces formó al hombre. Pero el primer hombre estaba sin huesos, el segundo sin cuerpo, el tercero sin fuerza. Pero el cuarto hombre era un hombre como son hoy los hombres”.
Así fue todo eso. Así nació. Primero nació el dedo grande de su pie, luego su pie, luego su pantorrilla, luego su rodilla, luego su muslo, luego el tronco, los brazos y por fin la cabeza. Pero no tenía lengua aún y no podía hablar. Entonces la Madre le formó la lengua. Así nació el primer hombre. La Madre lo bautizó y lo llamó Sintána.
En medio del mar había una casa pequeña. Se llamaba Nyídulúma “Espuma de Agua”. En esta casa nació Sintána. Sintána nació en el mar. Nació en
Cuando nació Sintána la madre no tenía marido era un bastón de madera y con éste ella se hacía la cosa [6]. Un día la Madre resultó gorda y nueve meses después parió nueve hijos. Así nacieron los Padres y Dueños del Mundo, de la Madre. Así nacieron Sintána, Seihukúkui, Seyánkua, Kímaku, Kunchavitauéya, Aldauhuíku, Jantána y Duesángui.
Entonces aún no había mujeres. Los hijos de la madre no tenían mujeres y cada uno estaba casado con una cosa: el uno con la olla, el otro con el telar, el otro con la piedra de moler. Ellos no sabían que era mujer. Molían tierra [9] y pensaban que era mujer.
Entonces después de nueve meses, la Madre parió otra vez. Así fue todo eso. Sintána cogió el palito de su poporo y puso en el ombligo de la Madre un pelo, una uña de ella y una piedra chiquita, llamada Kággaba-kuítsi y empujando con el palito de poporo los hizo entrar en el cuerpo de la Madre. Así la Madre parió nueve hijas. Así nacieron Nabobá, Séi-nake, Hul-dáke, Shivaldungáxa, Nunkalyi, Nábia, Lumíntia, Hélbyel-dake y Kalbexa. Así la Madre tuvo nueve hijas, las nueve tierras. Así nació la Tierra Blanca , la Tierra Roja , la Tierra Amarilla , la Tierra Azul , la Tierra Arenosa , la Tierra Quemada , la Tierra como Ceniza, la Tierra Rocosa y la Tierra Negra.
Cuando nacieron los padres del mundo, ellos empezaron a sacar la tierra. Empujaron el mar más allá e hicieron zanjas para secar el piso y canoas para navegar por el agua. La Madre bebió la mitas del mar. Montañas se formaban de la tierra y el agua se retiró.
Cuando los Padres del Mudo hicieron la casa en el cielo, se reunieron y bailaron y cantaron y decidieron hacer la tierra. Sintána dijo a la Madre : “Madre, dame mujer; dame una de tus hijas como mujer”. Entonces la Madre le dio la Tierra Blanca era como ceniza y no servía. Entonces Sintána pidió otra vez y la Madre le dio la Tierra Quemada. Pero ésta tampoco servía y era seca y dura. Entonces Sintána pidió otra tierra y la Madre le dio la Tierra Azul. Pero esta tierra era como almidón tampoco servía. Sintána pidió otra vez y la Madre le dio la Tierra Arenosa , pero ella era como la orilla del mar y no servía tampoco. Entonces Sintána pidió de nuevo otra tierra y la Madre le dio la Tierra Amarilla. Pero ésta tierra era como barro para hacer ollas y tampoco servía. Sintána dijo: “Madre, dame buenas tierras, dame una de tus hijas”. Pero la Madre dijo: “no tengo más hijas”. Pero no era verdad. Detrás de siete puertas, en el último cuarto de siete cuartos, estaba la Tierra Negra encerrada. Era la mejor, la más bonita, era buena tierra de siembra. Seyánkua se puso a bailar para que le dieran otra tierra nueva;
Así Sintána se fue con Sei-nake, la hija más joven de



